
A ella,
que transformándose me dejó por ser río
ha creado en mí, eco generador,
porque por su amor de bella ninfa
por su símbolo de amor,
siete veces fui pastor
que en la Arcadia congregó,
alma, vida y corazón.
Pero tras ese lejano viaje,
dejé tan sólo que una vez
ella me besase,
anclado en ese gesto me quedé
ahí mi mal,
pues nunca fue cosa de dioses besar
y menos cuando alguien lo pide,
y no surge de expontaneidad.
A ella,
que retorciéndose fue del río al mar,
ha provicado en mí delírio,
por que no querré provocar monotonía,
ni cansancio al volver a la vida,
queriendo en pechos reposar.
No te alejes de ninfa a musa mía...